LOS ESCRITOS JOÁNICOS EN CONTEXTO 2



EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN

JUSTIFICACIÓN BÍBLICA
JUSTIFICACIÓN MAGISTERIAL
¿QUÉ O QUIÉN ES?
CARACTERIZACIÓN
RETOS PARA COLOMBIA






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Miren, ese es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo (Jn 1,29b); Jesús convierte el agua en vino (2,1-12); Los judíos piden señales (milagros) (Jn 2,18; 6,30); muchos creen en Jesús al ver las señales (2,23; 3,2; 6,2; 7,31; 12,18), Jesús reprocha a los que no creen hasta no ver señales (4,48), Jesús sana al hijo del oficial del rey (4,43-54), Jesús sana al paralítico de Betzatá (5,1-18), Jesús da de comer a una multitud (6,1-15), Jesús camina sobre el agua (6,16-21), Jesús da la vista a un ciego de nacimiento (9,1-34), Jesús resucita a Lázaro (11,1-44), los fariseos y los jefes de los sacerdotes reconocen que Jesús hace milagros (11,47), Jesús hizo muchos otros milagros (20,30).
Jesús se definió asimismo como evangelizador del Reino de Dios, es en Jesús, donde se cumplen los elementos de la promesa, es decir, el que trae el Reino y lo hace público, es la primera catequesis. Los escritos Joánicos son el fundamento a la existencia de Dios; el sentido de la vida espiritual y el acontecer religioso y de fe, de la comunidad católica.Desde luego hay que estudiar las sagradas escrituras para conocer que dan testimonio de Jesús (Jn 5,39), no basta sólo la fe para salvarse, es necesario complementar con las buenas obras. San Juan increpa a la humanidad a la conversión verdadera, a la reinserción espiritual dada en la práctica desde el sentido, significado, experiencia.
Según San Juan, ser hijo es tener una relación de carácter única, íntima, cordial con Dios, cuyo poder comparte y con cuya voluntad se identifica: la realiza, concluye y define. Por ello implica una misión a los hombres, entre los que realiza la voluntad poderosa y amorosa de Dios, el Reino, la forma de la autodonación divina (Rodríguez, p. 10). La cristología en la humanidad actual es refutada de cara a la deshumanización de la persona humana; deshumanización e indignación hacer parte de la negación de Dios, la respuesta nefasta del hombre. El dualismo espiritual desproporciona el amor del hombre por Dios; cada vez nutre el ateísmo débil y la desconfianza en Dios.
El evangelio de Cristo, es expuesto por San Juan como un contenido catequético. Allí, la iniciación de la obra de Jesús es presentada como elemento base y fundante de la cristiandad inicial. San Juan presenta a Jesús como el anunciador del Reino de Dios, y él mismo como el Mesías, el ungido, el enviado por Dios para salvar a la humanidad, con su sangre.La teología Joánica expresa el mensaje de la adoración única a Dios, además la escatología apocalíptica es clara en avisar a la humanidad sobre las consecuencias de estar o no estar en gracia de Dios. Tales consecuencias residen en  la vida y obra de cada uno en concordancia a la ley de Dios, la cual exige ser cumplida, para alcanzar la salvación.
La Cristología, de San Juan converge con la calidad de devoción y reacción de la eclesiología colombiana. Colombia aun incurre en ese eterno retorno, de aceptación-rechazo del anuncio de Jesús, como el verdadero Mesías, el ungido y enviado de Dios, por medio de la Santa Madre Iglesia y su acción sacramental (Mt 16, 18). La Iglesia Católica corresponde al mandato divino por la acción, las obras, pragmatizar el mensaje divino. Procura el mensaje de la palabra, la salvación para la humanidad, para que sea merecedora de la muerte primera y acceda a la segunda muerte ya en el cumplimiento del Misterio Pascual, realizado por amor a nosotros sus hijos.



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“La obra de San Juan, inicia con la presencia de Jesús de Nazaret y la continuación de la obra, por los apóstoles, como testigos de la tradición escrita y oral dando origen al cristianismo. San Juan, es pregonero de la tradición apostólica y pastoral de Jesús, el bautismo que recibe de Juan, recibe la unción del Espíritu Santo, pero al mismo tiempo es condenado a muerte y crucificado por los Judíos; sin embargo no rehúsa, pues para ello ha venido, a tomar la Cruz por nosotros” (Rodríguez, p. 9-10).“Jesús proclama que el Reino está cerca; e invita a la conversión para entrar en él. Jesús ilustra su mensaje con parábolas” (Tuñí, 2000, p. 21).
Jesús, se presenta como el Mesías, el hijo de Dios, el enviado, el ungido, Jesús diagnostica muy bien la situación, para presentarse como tal, y anuncia el Reino de Dios, el bautismo para el perdón de los pecados, su cuerpo y su sangre para la salvación y la vida eterna. Jesús, homousios, del Padre y del Espíritu Santo, es el Rey del universo, el poder y la voluntad de Dios, están en sus manos, en él, Dios puso toda su confianza (Rodríguez, p. 12). “el evangelio de San Juan habla de los hechos portentosos de Jesús como signos” (Tuñí, 2000, p. 37). Más los signos de Jesús demuestran que es enviado de Dios.
La Cristología ha sido por mucho tiempo, controversia, inclusive desde los mismos clérigos y teólogos de la Iglesia. No obstante, Cristo es el hijo de Dios y ha venido al mundo como luz, para juzgar a las naciones y dar a cada uno según su paga, es el cordero de Dios, el sumo sacerdote, la verdad, el Mesías, el salvador y redentor (González, p. 72). “Ahora bien, no hay una correspondencia clara entre el sentido predominante y la utilización Joánica” (Tuñí, 2000, p. 36). Una vez más deja ver la calidad del mensaje; no es superfluo, más bien responde a los signos dados por Jesús.
Jesús de Nazaret, el hijo de Dios vivo, el ungido del Padre, para la salvación de la humanidad. Jesús es el cordero de Dios, el cordero degollado el que fue digno del poder, honor y gloria, delante de Dios la prueba más grande de amor, por la humanidad. En Cristo, está la vida, la verdad, la salvación, la humanidad entera está en sus manos. Es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo; el Cordero de Dios, sacrificado por la humanidad, sacrificado para salvar, redimir y darle vida eterna. En Jesús de Nazaret está realizada nuestra vida, por su Misterio Pascual; que nos da la garantía de la vida eterna a su lado.
La espiritualidad colombiana, aún sigue viva y operante, a pesar de la carencia de contenidos, sin embargo la tradición apostólica, la devoción popular, y la eclesiología como tal, siguen buscado tocando a la puerta, a esperar la apertura para entrar como luz, pero esa luz se ve en ocasiones oculta, distorsionada, por la proliferación estúpida de la mediocridad y la mentira ambulante. El engaño de los portadores del engaño, la falsedad y la mentira de quienes buscan engañar y disociar a la humanidad del amor y la comunión con Dios.





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“El vocabulario del evangelio de San Juan es muy limitado. A pesar de estas limitaciones, el lenguaje y estilo del evangelio tienen el encanto de la obra madurada, el objeto largamente contemplado y amado” (Tuñí, 2000, p. 21).carácter teológico y escatológico; trata de las obras y predicaciones de Jesús de Nazaret (Rodríguez, p. 150). “La dimensión teológica de San Juan, presenta la intervención, la ruptura de la historia con Jesús, constituye la comprensión imprescindible de Jesús, transmite la teología escatológica” (Rodríguez, p. 17).
El Reino de Dios, gira en torno a la vida de Jesús (ibídem, p. 17). Cada escenario que ofrece con respecto a la relación de Jesús con el Reino de Dios, es campo de desarrollo del cristianismo en efecto. La obra de Dios, se realiza, en torno a Jesús de Nazaret, como el elegido del padre, como la idea motriz, de anunciar y dirigir la humanidad por el camino de la verdad y la vida (Sánchez, p. 63, Rodríguez, p. 177, Rodríguez, p. 22). Así, el contenido evangélico de San Juan, expresa vida eterna. El Misterio Pascual resume el Reino de Dios, del cual Jesús es modelo evidente, hombre sin pecado y santo.
San Juan presenta a Jesús de Nazaret, como el evangelio mismo, como el Reino de Dios, iniciado desde él mismo. “Jesús al ser hijo de Dios, es también plenamente divino, y al mismo tiempo humano, al hacerse hombre, para predicar, enseñar, obrar y realizar con su pasión, muerte y resurrección, la plenitud del Reino de Dios” (González, p. 73). “El evangelio de San Juan tiene un estilo directo y una sintaxis bastante elemental” (Tuñí, 2000, p. 21). San Juan presenta una conceptualización teológica profunda. Desde luego la teología Joánica es significativa.
Jesús viene a cumplir la promesa del Padre. Cristo es el ungido de Dios, el enviado del Padre para salvar a la humanidad de la esclavitud del pecado, para salvarla y redimirla al precio de su sangre y de cruz. En Cristo, está puesta nuestra esperanza, porque por medio de su Iglesia y sacramentos, obtenemos la redención de nuestros pecados y la vida eterna. La escatología de San Juan interviene en el plan de salvación, por la conceptualización sobre la conversión y salvación de la humanidad, aunque no tenga importancia para muchos hombres y mujeres de la actualidad.
El contexto eclesiológico colombiano se adapta con gran facilidad a la eclesiología manifestada en Cristo por medio de San Juan, a pesar de las vicisitudes de la mediocridad improvisada por la docta ignorancia de los errados, que desproporcionalmente la promocionan en medio del carente sentido de teología, de su crasa estupidez. La escritura Joánica incide en el contexto colombiano a partir de la dualidad espiritual, de fe, las injusticias, etc., más aún la escala que hace en la eclesiología colombiana corresponde a la enseñanza de Jesús.







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San Juan, hace un diagnóstico de la situación, la comunidad sufre una crisis de tipo cristológico, causada por una falsa concepción de Jesús. “El Mesías, el Hijo de Dios; el poderoso, el que arregla los problemas, hace milagros, que ha muerto y resucitado, para darnos vida eterna” (Rodríguez, p. 11).
Jesús aparece resucitado y prueba que está vivo (Mc 16,9) El que crea y sea bautizado, será salvado, pero el que no crea, será condenado (Mc 16,16). Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios vivo, el enviado a salvar el pueblo de Israel (Mc 6,6). “Los signos son instrumentos de la manifestación de la gloria de Dios (Tuñí, 2000, p. 39).
El Reino de Dios, es el plan perfecto de Dios, anunciado por Jesús, para que todos los pueblos en él tengan vida eterna, en Cristo, nuestra salvación se hace viva y operante (Fuellenbach, p. 2). Los signos realizados por Jesús, son signos verdaderos del poder de Dios manifestado en Él, como prueba de que Él es el verdadero Mesías.
Dios Padre ha diseñado todo por el amor a la humanidad, y para llevarla a plenitud, envió a Jesús, para hecho carne, aceptara la cruz y así, le otorgare la salvación y redención al hombre. La comunión con la verdad, los sacramentos, la Iglesia Católica y con Dios, abre el camino al Misterio Pascual realizado en Cristo, por el amor.
El contexto colombiano, describe la realidad eclesiológica que acepta el plan salvífico de Dios; el mensaje de Dios, iniciado en María Santísima y completado en Cristo. Los escritos Joánicos interceptan el mensaje y los signos realizados por Jesús, para que el hombre acepte la dinámica de la fe.




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“Las categorías desde las que se hace ética en la biblia, no es de naturaleza y finalidad antropológica, la conducta de la visión bíblica, está determinada por la situación histórica, eclesiológica, cristológica que dan comienzo a la conducta cristiana de conversión y fe, conversión como preparación para la llegada del Reino y la fe, para aceptarlo en el corazón a plenitud viva y verdadera” (Mascialino, 2003, p. 103).
Se nos permite entender por ética, el comportamiento que responde a la naturaleza del hombre, a los valores que corresponden a cada situación así: “la entrada al nuevo estado, nueva naturaleza, Reino y fe. La pobreza de alma y la humildad. Caridad, amor a Dios y al prójimo. Creer, vigilancia, esperanza” (Mascialino, 2003 p. 103). Aceptar la fe, es aceptar a Dios en su Trinidad absoluta e indisoluble y eterna.
La ética de los escritos Joánicos, distingue la verdad, lenguaje unitario y visión cristológica. La dinámica de coherencia entre sí, la tradición apostólica, oral, escrita, etc. “Los escrito Joánicos  en su dimensión ética develan el compromiso, verdad y la estética en los detalles orales y escritos del contenido” (Fuellenbach, 2009, p. 9). Revelan la verdad del mensaje y signos de Jesús en la actualidad.
El desarrollo ético de los escritos Joánicos, se caracteriza por su veracidad, coherencia, la conducta de entrada del Maestro, del evangelista y del mensaje divino y redentor de la cristología. En cada escenario hay ética así como en el espacio y tiempo, descubre a cada momento la intencionalidad de Jesús al predicar el Reino de Dios. Lo hace en teoría y lo pragmatiza en los signos, demostrando que el Mesías enviado de Dios para redimir.
La eclesiología colombiana, participa de esta ética Joánica, desde su conducta de aceptación y aplicación. Cada escenario es un escenario ético, propicio a desenvolver la cristología, desde los escritos Joánicos, con miras a proporcionar en esencia y existencia, el mensaje de la salvación. El costo de la ética de los escritos Joánicos, es la aceptación y experiencia.

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En los contenidos Joánicos, encontramos la escatología como esperanza. A ella se llega por medio de la oración a saber que es el mismo Cristo quien la ha instaurado y es el mismo que la pragmatiza en esencia y existencia. Jesús afirma que la moral y la ley son perfectas, como norma de alcanzar esa perfección deseado por Dios, para entrar en su Reino. Todo se resume en la obligación, necesidad de amar a Dios y al prójimo, y la forma de cumplirlo (Mascialino, 2003, p. 106).
El Reino de Dios está dirigido a la transformación del mundo, la tensión generada al ver la Iglesia de cara al Reino compromete sus intereses, conceptos, terreno, tareas, intenciones etc. (Fuellenbach, p. 3). El sentido de los hechos extraordinario de los signos de Jesús, como gesto prodigioso que revela y argumenta que es el verdadero hijo de Dios y el Mesías; especifica la demostración de conocer y vivir la doctrina de Jesús, en la vivencia de la religión y la fe.
El compromiso de la Iglesia, es hacer que la esperanza del Reino se torne real. Este compromiso no puede verse alterado o alienado a divergencias improvistas, provisionales u otro que procure evitar la proliferación evangélica y la misión eclesial de anunciar el Reino de Dios, su salvación y vida eterna en Cristo (ibídem, p. 4). En el NT, la salvación ya no aparece en relatos proféticos, ni en teorías; pasa a ser real, al manifestarse y revelarse.
La ética de Cristo, es la misma de la Iglesia. Sólo varía el contexto, los personajes y la cultura. En cada contexto nos encontramos de frente con divergencias que buscan a todo dar cambiar el rumbo y el estilo de la eclesiología, so pretexto del encuentro con la globalización. La era moderna, contemporánea y actual, marcan un hito en la historia más reciente desde el auge de la razón, hasta el auge de la fe; su mutua relación y el compromiso con Dios, desde la experiencia.
Colombia, es rica en cristología, no obstante la mediocridad ambulante quiere sitiar la buena intencionalidad de su antropología dispuesta y arriesgada por Cristo, encaminada a ese encuentro íntimo y personal con el salvador y redentor. Cada entorno es escenario, para evangelizar desde la familia, el prójimo, etc. El sentido, significado, experiencia y vivencia de la religión y la fe; inicia en la familia.





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“El N.T, muestra a María  en función de Cristo y del plan de Salvación” (Menjura y Mejía, p. 1). Testimonio de los verdaderos vínculos que crean comunión con Jesús. María su madre tuvo vincularse con Jesús con valores más altos; ahora engendrarlo en su corazón, cumpliendo la voluntad de Dios, manifestada en la obra y vida de Jesús. Por eso, la figura de María madre se armoniza y se complementa con la figura de discípula, María es la elegida por Dios, para realizar el plan de salvación (Brown, p. 81.). María Santísima es la “culpable” de la iniciación del Misterio Pascual de Cristo; ella es el acontecimiento primo del acontecimiento divino.
Se percibe un cambio de estilística peculiar cuando Mateo se refiere e introduce a María en su escrito. Ya no es la mujer con tinte de pecadora ni tampoco se presenta a su esposo José como el que engendra, como si sucede con sus antepasados, sino es María de quien nace Jesús (Fiores y Meo, p. 310). María, hace parte como Madre, elegida y llena de Gracia, junto con  Jesús en el divino plan de salvación (Brown, p. 81). La naturaleza mariana corresponde a la intencionalidad de Dios para que a partir de ella; se realice el Misterio Pascual en la Iglesia Católica.
La Santísima  Virgen María, madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Proemio, que ilustra la misión de María en el misterio del verbo encarnado  y redentor de su Iglesia, sacramento de salvación; además indica los deberes de la iglesia para con María; la primera parte se desarrolla a partir de las Sagradas escrituras; la segunda parte, muestra las diferentes interpretaciones a lo largo de la tradición (LG cap. VIII). El Concilio Vaticano II; elige a María Santísima como corredentora, por ser la causante del Misterio Pascual.
Los elementos fundamentales son: criterio bíblico, antropológico, ecuménico y pastoral. La relación María- Cristo es en orden del aspecto histórico salvífico; el concilio muestra la unión constante y perfecta de la madre con el Salvador en la vida y la obra salvífica del Hijo de Dios (LG cap. VII). En María como corredentora del plan de salvación, encontramos la esperanza viva de contemplar el rostro de Dios en el Cielo.La contemplación Mariana complementa la relación de la Santísima Trinidad con María Santísima, en el plan de salvación.

La palabra de Dios ha revelado en la nueva alianza el misterio de María, a quien la Iglesia ha madurado su amor filial dirigido a ella. La fe en el misterio de María es una afirmación cristológica y la fe en Cristo se desarrolla en la Trinidad. El concilio de Éfeso resalta que la Theotokos, en quien estando unido a la naturaleza  humana  ha aceptado un nacimiento carnal. La doctrina mariana facilita la recta interpretación de la doctrina de la Iglesia en una revelación divina transmitida en la tradición (Menjura O.P, p. 1).



1ª CARTA DE SAN JUAN

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¿QUÉ O QUIÉN ES?
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RETOS PARA COLOMBIA

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El Reino de Dios una vez acogido implica respuesta verdad y humildad. El Reino de Dios viene hacia nosotros con amor incondicional, como don, como pan vivo bajado del cielo, en busca de comunión y unidad para la Iglesia humana, hasta el día en que él, lo considere oportuno. Es evidente que nada ni ninguna fuerza humana puede apresurar o manipular la Parusía de Nuestro Señor Jesucristo (Fuellenbach, p. 4).
La gratuidad del Reino, no debe conducirnos a la mera pasividad, al relajo. El Reino de Dios es una relación continua entre el hombre y Dios, por medio de la gracia sacramental y la fe. Dicha relación es recíproca, buscando la unidad, transparencia, verdad, vivida, el Reino de Dios, se convierte en amor y vida eterna (Fuellenbach, p. 6). El Reino de Dios es el fin del camino iniciado por Cristo y María Santísima.
El Reino de Dios, es estableciendo primera y principalmente una relación con Dios (Sobrino, p. 44). Nosotros estamos orientados verticalmente hacia Dios, así somos hijos suyos. De esta manera la relación horizontal, nos hace unidos hermanos y hermanas,  esencial, igual, primordial y principalmente (ibídem, p. 44 - 45). La teología Joánica presenta una esperanza de vida.
La cristología desde el Reino de Dios, vista como justificación de la obra creadora y redentora de Dios,  es causa y efecto de la fe, de la doctrina de la Iglesia. En cada contexto eclesiológico, familiar y social despierta la espiritualidad del hombre en su compromiso de corresponder a Dios, por la salvación. En la actual realidad, la cristología Joánica, es la plenitud de la salvación revelada en Cristo.
Colombia, acepta la cristología, sin embargo, hay situaciones que profanan su esencia desde la anticristología que dan paso al paganismo, al ateísmo mediocre y desfragmentado, que distorsiona la esencia propia del mensaje evangélico expresado en los escritos Joánicos de cara a la experiencia de vida y espiritualidad desde la cristología Joánica.

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Jesús, nunca definió el Reino de Dios. Él describía el Reino con parábolas, alegorías (Mt 13. Mc 4), todas encaminadas a la conversión, a recapacitar la salvación del alma, buscar el Reino de los cielos, desde la actividad terrena. Después de todo, el Reino de Dios, no es lo cotidiano, como comer o beber, el Reino de Dios, es justicia, paz y júbilo en el Espíritu Santo (Rom 14,17). La espiritualidad según san Juan es y debe ser precisa y puntual; no debe dividirse y no seguir idolatrías.
El primero de todos es la vida de Jesús, su ministerio, sus palabras y sus obras, su pasión y muerte. Esta cristología implícita, donde Jesús se presenta ante los hombres y mujeres de su tiempo, como el gran profeta del tiempo escatológico, el heraldo del Reino, el maestro y exorcista, aquel que está tan cerca del Padre, que es capaz de llamarle Abba. Hasta aquí, nos movemos en el espacio del Jesús terreno, real, histórico (Schillebeeckx, citado por García-Viana, p. 1).
Sólo desde la fe, en su resurrección, el Jesús histórico, pasa a ser definitivamente significativo para sus seguidores. La comunidad primitiva comprende la cristología implícita, a partir de su final que es la Pascua. Por ello, la experiencia del resucitado, sea interpretada como sea, va a provocar una reflexión en la Iglesia primitiva, en la que concretara y explicitará, a cristología implícita del Jesús histórico (ibídem, p. 1 – 2). La espiritualidad es la vida de la persona.
Se puede observar una diversidad de cristología que a lo largo de la historia interviene en la dinámica evangélica de la cristianización. La cristología fecunda la teología sinóptica, no obstante, descubre también, la influencia de la cultura religiosa de cada entorno social, enredándose con la evangélica, y quizá por decirlo, manchándola, no dejando puras sus raíces ni frutos. “El alma se conoce por su actos” (Santo Tomás de Aquino). Así, el alma es el resultado de la espiritualidad y la fe en la experiencia.
La cristianización de Colombia a lo largo del saqueo de los españoles, instigó la cultura autóctona; que a su vez hizo lo mismo con la culturización religiosa, la cristología sinóptica y neo-testamentaria ahora empieza a sembrar sus semillas, no puras desde el mismo momento idólatra como base de la nueva expansión de la cristología, al nuevo mundo. Nuevo mundo por cristianizar, por enseñar el Reino de Dios. 


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Son Dios y Jesús. Dios es el protagonista. La misma fórmula Reino de Dios indica claramente que él, es el sujeto que va a realizar esta acción. Dios promete, lo revela, lo realiza y dispone de él. Jesús se distingue del Reino. Pero a la vez se identifica en su acción al servicio del Reino, actuando con palabras y signos (Rodríguez, p. 193). Hay quienes parten de la existencia de los discursos, otros en los narrativos. Se trata de ser sensibles a la progresión por medio de su estructura (Aguirre, p. 275).
Si alguien recibe un tesoro de alguien, y lo transmite a alguien, recibe lo que transmite y transmite los que recibe (Sánchez, p. 160). En los escritos Joánicos, podemos observar la tradición oral y escrita de estos procedimientos, la primera semita y la segunda helenista (ibídem, p. 161). La conservación de las palabras de Jesús no se podrá explicar sin una tradición oral, que la justifique (ibídem, p. 163). San Juan vive la experiencia y la plasma en sus escritos, para nosotros.
Los exégetas, hablan del tránsito evangélico: cultural, misional, apologética, catequético. Este material evangélico, llena los aspectos de vida de la comunidad dentro de sí misma y de cara a sus manifestaciones (ibídem, p. 164). Jesús es: origen frontal. Los testigos: transmiten su palabra, gestos. La  comunidad: tradición oral, vive y escucha el mensaje (ibídem, p. 164). San Juan ve el sentido, significado y lo vive.
La tradición sobre Jesús, tiene sus testigos sobre la Pasión, Muerte y Resurrección, Apariciones y Ascensión. Estos testigos dan testimonio de la verdad, fiel y auténtica de las palabras  y obras de Jesús de Nazaret. La comunidad apostólica es la responsable de la veracidad inicial de la obra y el plan divino de Dios, revelado en Cristo. San Juan y los apóstoles hacen práctico el acontecimiento trascendente de la vida en Cristo.
La eclesiología colombiana comprende la intencionalidad de la comunidad apostólica y acepta su veracidad fiel, viva y trasmitida oral y escrita, dando paso a la cristología de entonces y actual. Este proceso es interpretado como la obra de Dios hecha en espíritu y en verdad, desde el mismo Cristo revelador. La tradición escrita y oral de San Juan, exponen la espiritualidad del apóstol y su vida.


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La conversión apocalíptica son factores-conjunto en este movimiento escatológico (Sánchez, p. 198). La responsabilidad personal revisa y reivindica la concepción del pueblo de Dios en comunión con la cristología Joánica de su contexto. La esperanza de la salvación, nace desde la misma trascendencia de la predicación del Reino de Dios por el mismo Jesús de Nazaret. La piedad aporta elementos que se conjugan con la fidelidad sincera a la tradición oral y escrita apostólica. La soteriología Joánica define así mismo la soteriología nuestra, de hombres y mujeres que acepten a Cristo.
La teología Joánica guarda distinción por las obras de amor (ibídem, p. 202), la conversión es elemental en la búsqueda de la salvación del alma y la contemplación del Padre eterno, retribuye unidad y paz, como el ayuno hace parte de la conversión. El cumplimiento de las promesas hechas por el mismo Jesús, prescribe el amor por Dios desde el mismo servicio al prójimo. La soteriología Joánica desenmascara los acontecimientos y la trascendencia del mensaje de Cristo, desde sus enseñanzas y escritos. La soteriología responde a una sola espiritualidad en Cristo.
La conversión para la salvación, empieza a delimitar la esperanza para su fin en sí (ibídem, p. 203). La realización del plan divino en Cristo, configura la personalidad del Masías, como el salvador, el enviado y ungido para el fin último, que es la redención y remisión de los pecados. En  Jesús se realiza la acción de Dios, el Mesías salvador. San Juan es claro al presentar de manera evidente y real; los hechos de Jesús, vida y obra, vida en signo y obra hasta su muerte en la Cruz; es testigo fiel.
Conforme al testimonio unánime de los escritos Joánicos, se reitera la primacía de la conversión antes de acceder al plan de salvación, comulgar con el cordero pascual. La pascua es vista como modelo clásico y esencial para el arrepentimiento, la conversión y el éxodo salvífico, comprometido y correspondido con la soteriología cristológica. El alma es despojada de lo impuro, rejuvenecida, pues nada ni nadie podrá estar por encima de Él; ¿quién como Dios? ¡Nadie como Dios! Definición pura de la soteriología.
La comunidad colombiana acepta la soteriología cristológica desde la misma aceptación de arrepentimiento y propósito de enmienda con Dios, por el mismo misterio pascual, en el cual la salvación está dada sin racismos, corrupción, distinción, es la soteriología cristológica viva y dada para que ninguno se condene, sino viva eternamente. La soteriología busca la intencionalidad de un alma pura, santa y que corresponde a la vida eterna en Cristo.

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Hay una ética que corresponde al estado de los iniciados en el Reino de Dios, y una ética que corresponde a ese modo misterioso del Reino. Los que forman parte del Reino, corren la misma suerte del Reino y de Jesús, hasta la Parusía. La autoridad sea como el más pequeño, el más pequeño humilde y así será el más grande en el Reino de Dios (Mascialino, p. 102).
Hay ética en los escritos Joánicos, desde la misma revelación del misterio. El Mesías de ese Reino, no habrá de triunfar inmediatamente, sino que tendrá que padecer la pasión, muerte y resurrección (ibídem, p. 111). La ética Joánica resplandece en el encuentro, la conducta y el compromiso de responderle a Dios desde la fidelidad.
En los sinópticos encontramos una ética, bajo el signo escatológico, diríamos, bajo el signo de la esperanza, entendiendo el Nuevo Testamento como plenitud del inicio, la espera y el final del misterioso Reino de Dios (ibídem, p. 111 – 112). La verdad de los escritos Joánicos, se da en la misma experiencia de fe.
En la ética de los escritos Joánicos, encontramos realidades verídicas y contextualizadas con la eclesiología del mensaje evangélico. Todas las virtudes corresponden a la espera paciente por el cumplimiento de la palabra de Dios sobre su Reino eterno. Busca darle el complemento y la respuesta a las inquietudes y dudas.
Colombia guarda esa ética conforme a la cristología evangélica del siglo XXI, en su contexto  eclesiológico. Dentro de cada realidad hay viva y operante una estética trascendental, que juzga todo en función al cumplimiento del anuncio del Reino de Dios. La verdad y el compromiso con Dios y con la fe.


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La Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, es el adelanto de la salvación (ibídem, p. 287). Jesús anuncia que beberá de nuevo el cáliz de la salvación en el Cielo, junto con los elegidos, en el Reino eterno de Dios. El misterio pascual de Cristo, no es sólo el acontecimiento de su momento, sino que también se evidencia y vive hoy día. Este misterio pascual está presente ejerciendo su eficacia salvadora. Cristo ha muerto una sola vez, pero está presente en cada momento entre los creyentes y en el mundo (ibídem, p. 287).
San Juan, subraya que Jesús es el Mesías enviado al pueblo de Israel (Aguirre, p. 308). Jesús se muestra como el mesías enviado de Dios para traer y anunciar la salvación a la humanidad, al precio de su sangre. En el Misterio Pascual, se da abiertamente la salvación gracias a la Pasión Muerte y Resurrección de Jesús, la salvación dada a los pecadores creyentes y arrepentidos de corazón y dispuestos a enmendar su vida. La fidelidad y el compromiso que implica reivindicarse con Dios.
El pueblo de Israel rechaza a Jesús, al auto nominarse  como el mesías esperado y anunciado por los profetas (ibídem, p. 308). La actitud de Jesús no sólo es valerosa, sino sincera y verdadera. En Jesús no hay mentira, Jesús es la verdad encarnada, conocimiento puro, por ello es llamado Maestro, no sólo de la fe, sino del conocimiento, de la Ley, la teología, la escatología etc. La respuesta a la exigencia de Dios, es la verdad, el amor y la fidelidad sólo a Él.
El pueblo no sólo rechaza a Jesús como Mesías proclamado en las mismas escrituras, sino que también rechazan la salvación y la vida eterna. Con el rechazo de Jesús como el Mesías del Dios y enviado a salvar a la humanidad se rechaza el Reino de Dios. Para esta comunidad el Reino de Dios no es Jesús, no es el Mesías presente, como él mismo se presenta. Como medio de solución a la trascendencia de los sacramentos, como medio para la salvación.
Colombia rechaza y acepta al Mesías. Rechaza todo aquél violento asesino, sicópata, suicida, que no acepta al Masías en el corazón y rinde culto. Ello lo hace anticonceptivo del don de la salvación y de la vida eterna. Al no aceptar a Jesús como el Mesías, no se acepta la verdad, la salvación, la vida eterna, luego se acepta al demonio, quien lo aparta del Misterio Pascual, del camino la verdad y la vida eterna a su lado, en su Mansión Celestial.




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Según San Juan, María se hallaban entre esos dos términos; de ahí que el embarazo de María, quien no había concebido de José, parezca fruto de un adulterio. Se informa al lector cristiano de que la concepción es obra del Espíritu santo San Juan es cuidadoso al momento de expresar sobre María Santísima; malentendidos escandalosos en su auditorio. José, en cambio, no ha sido informado y, coma varón justo, se apresta a repudiar a María, sospechosa de adulterio (Brown, p. 89).
Los  textos de los primeros siglos, que hacen alusión a María, fundamentándose en las Sagradas Escrituras. María es en quien se cumple las promesas de Salvación y es el inicio de una nueva creación restableciendo la primera creación dañada por la primera Eva. Para Agustín  y Ambrosio, María es la digna madre  del Señor, del Hijo de Dios. En el oriente Bizantino, en las homilías de Juan Damasceno, se contempla a María como Nuevo cielo, en el que habita el Hijo de Dios (Menjura O.P., p. 1).
En el concilio de Trento, se salvaguarda a la Virgen del pecado original, que toca a toda la humanidad. A mediados de los siglos XIX y XX aparecen los últimos dos dogmas de María: la Inmaculada concepción (1854), proclamando que María ha sido Preservada del pecado Original y la Asunción de la Virgen (1950) que Define que María fue glorificada en cuerpo y alma al término de su vida terrena (ibídem, p. 1). Así, la verdad y la fidelidad son en aliento de vida espiritual.
La Iglesia, en el estandarte de la gloria mariana, revela los dogmas de la Santa Madre de Dios, con ocasión de permitir claridad y evitar distorsionar su concepción virginal, inmaculada concepción, maternidad divina, ser la corredentora del plan de salvación, la esclava del Señor su Dios (Lc 1,38). La Madre del redentor de las almas, ha venido en gracia y plenitud a Colombia y ella, la ha aceptado como Madre, de quien todos nos acogemos a su amparo y protección.
La mariología colombiana, está operando la concepción virginal de la Santa Madre de Dios. Colombia ha aceptado en su corazón a la Santísima e Inmaculada Madre de Cristo y de la Iglesia; la intercesora, la llena de gracia que aceptó sin dudar de que la salvación sea también para nosotros los colombianos que la amamos como Madre de Nuestro Señor y redentor Jesucristo, el pan vivo bajado del cielo.


2ª CARTA DE SAN JUAN

JUSTIFICACIÓN BÍBLICA
JUSTIFICACIÓN MAGISTERIAL
¿QUÉ O QUIÉN ES?
CARACTERIZACIÓN
RETOS PARA COLOMBIA


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El ministerio terreno de Jesús fue el comienzo del cumplimiento de las promesas por medio de su actuación como profeta escatológico (Rodríguez, p. 409). Jesús proclama con palabras y obras el hoy del cumplimiento de las promesas de salvación, como profeta que ha de sufrir el rechazo (ibídem, p. 409). Desde luego el Señor resucitado, sigue ejerciendo como Señor y Profeta. La Iglesia ha comenzado el cumplimiento de la promesa del Reino de Dios por medio de Jesús Resucitado (ibídem, p. 409 – 410).
La exaltación de la cruz marca el final del camino terreno y el comienzo del de la Iglesia. Jesús recibe la plenitud del Espíritu que ofrece a los hombres, el testimonio de la salvación. El Señor ofrece a todos el camino de la salvación en presente y futuro, en servicio y amor. Así el camino de la Iglesia es el camino de la salvación (ibídem, p. 410). La cristología le da fundamento a la eclesiología. La fe, la fidelidad y el amor dan fundamento al compromiso espiritual.
De esta forma, el camino salvador impuesto por Cristo a manera de camino recto y verdadero para alcanzar la salvación de las almas, culmina en el Reino de Dios. Él, como protagonista, es el precursor, y la comunidad apostólica el testimonio vivo de la salvación por la gracia sacramental en la función de la Iglesia, para todo aquel que cree y tiene fe (ibídem, p. 410). La fidelidad es el argumento para alcanzar la fe, el amor y la salvación y vida eterna.
La supremacía del Reino de Dios iniciada en el mismo Jesús de Nazaret, insta a la comunidad a hacer parte del plan salvífico, del plan divino de salvación. Desde el mismo instante de la Teofanía de Cristo, la Iglesia también se glorifica en su obra salvadora y redentora, por medio de la gracia sacramental. Allí se reivindica el camino de la salvación y la vida eterna. El Reino de Dios funda los sacramentos para la salvación y redención.
La eclesiología colombiana denota la realidad de la Teofanía de Cristo en la búsqueda de la salvación, por la espera paciente de ver manifiesto el hecho verdadero y real, transmitido por la misma tradición apostólica y bíblica. La Teofanía es aceptada por la eclesiología colombiana como la manifestación de Cristo salvador y redentor. Camino verdad y vida. El camino para la salvación.


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El final del camino salvador es la Parusía gloriosa de Jesús, que aparecerá plenamente como el Mesías y salvador en contraposición del mesías oculto en el cielo (ibídem, p. 410). El Espíritu Santo es la promesa del Padre, don prometido y enviado por el Padre, protagonista del camino de salvación iniciado desde la misma Iglesia terrena con Jesús como fundador y orientador. El camino de la Iglesia es profético, concreta su Pentecostés en el bautismo del Espíritu Santo (Lc 3,16). El alma es el ente trascendente, que dará cuentas a Dios de todo.
La Iglesia al recibir el poder del Espíritu Santo, consuma su nacimiento y queda convertida en pueblo profético (He 2, 1ss). La donación del Espíritu Santo supone un don consistente en la conversión, el perdón de los pecados y la vida nueva (He 2,38), quedando así el creyente capacitado para la misión profética. El compromiso de la Iglesia, consiste en dar y servir la palabra, bajo el impulso del Espíritu Santo, proclamando la grandeza de Dios (He 2,4-11. He 4,8). El Espíritu Santo, es el aliento de alma y vida.
Al proclamar la grandeza de Dios, también la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, que envía el Espíritu Santo a realizar signos que revelan el Reino de Dios por Jesús, así la comunidad eclesial se hace comunidad profética (He 2,4-17. Rodríguez, p. 412). Por la palabra de Dios predicada y pragmatizada, por Jesús, la Iglesia se hace y es comunidad profética, evangelizadora, testigo, apostólica, salvadora (ibídem, p. 412 – 413). El alma responde por los actos.
En contexto, la eclesiología desde la misma perspectiva de Cristo, como Señor y salvador, se evidencia en la misma revelación del Espíritu Santo enviado por el Padre a revelar signo que den prioridad y veracidad al hecho predicador de Jesús de Nazaret. En cada signo está presente la acción del Padre y del Espíritu Santo, por medio de Jesús que garantiza la fe, creencia y confianza en Dios Padre. La salvación y redención, sólo corresponden a Cristo; no a las expresiones paganas.
Colombia en contexto con esa misión de la Iglesia desde el mismo Jesús de Nazaret, revela a obra encarnada de Dios, dada en el Espíritu Santo que prefigura la instauración del Reino de Dios, por medio d la misión terrena de la Iglesia. La gracia sacramental, le permite vivir en aceptación, comunión y amor con Cristo, vivir el Pentecostés como Iglesia comunidad concreta, que por el bautismo nace a la nueva vida.

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María Santísima es corredentora del plan divino de salvación, desde su sí, su aceptación plena, su entrega absoluta a Dios, como la elegida (Lc 1,26. 1,38. 1,43), se hace acreedora del honor y la gloria de inmaculada concepción, Madre Divina (ibídem, p. 414). Dios estableció el tiempo de las promesas y época de su cumplimiento en Cristo, así, los dones derramados sobre la humanidad, en Cristo, nos mueven a actuar y vivir en el amor de Dios (S. Agustín, citado por Argüello, p. 35). 
Prometió la salvación eterna y la vida bienaventurada en compañía de su ángeles (ibídem, p. 36). En Jesús se configura la redención de la humanidad. En Jesús el hijo de Dios vivo, encarnando la naturaleza humana soporta el desprecio y el maltrato del pueblo, pueblo que desconoce la merced del salvador del mundo, el Mesías y redentor, quien por María Santísima y el Espíritu Santo, vino a nosotros por pasión y amor.
Jesús es fiel al mandato del Padre eterno, es obediente y sumiso, prescribe al pie de la letra el mensaje salvador del Padre, desde la misma naturaleza divina anonadada en la humana (ibídem, p. 36). Pero no bastó a Dios indicarnos el camino por medio de su Hijo: quiso que Él mismo fuera el camino, para que, bajo su dirección, tú caminaras por él (ibídem, p. 36).El Espíritu Santo es el aliento de vida; el aliento del alma; Él la elige y le da vida, para que sirva sólo a Dios.
Jesús prometió la divinidad a los hombres, su salvación, la inmortalidad del alma, la justicia a los pecadores, el amor y la humildad. Es modelo de ellas y como tal exige para que nosotros como comunidad bautizada, en misión profética la realicemos en los diversos escenarios de la vida, como testigos y testimonios del mensaje del plan divino. La personalidad de San Juan es fiel, prudente y sabia.
Colombia es testigo de la misión redentora de Cristo y del plan divino de la salvación. En los contextos de la eclesiología actual podemos observar ventajas y desventajas. Las tinieblas enardecen el corazón de muchos que aferran lo mundano y desprecian lo divino, no aceptan el plan de salvación escrito y transmitido por Dios en Cristo. A Cristo por María. Nuestra salvación.






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Y, después del cumplimiento de estas promesas, cumplirá también la promesa de
venir otra vez para pedir cuentas de sus dones, para separar a los que se hicieron merecedores de su ira de quienes se hicieron merecedores de su misericordia, para castigar a los impíos, conforme lo había amenazado, y para recompensar a los justos, según lo había prometido (ibídem, p. 37). Pues si el nuevo hombre, sometido a una existencia semejante a la de la carne de pecado, no hubiera llevado sobre sí nuestros pecados,si el que es Dios como el Padre no se hubiera dignado tomar lacondición humana de una madre y si libre de todo pecado no hubieraunido a sí nuestra naturaleza, la cautividad humana continuaría sujeta al yugo del demonio; y tampoco podríamos gloriarnos de la victoria del Vencedor si ésta hubiera sido obtenida en una naturaleza distinta a la nuestra (San León Magno, p. 41). “La muertede Jesús, es pues, una victoria sobre el príncipe de éste mundo, y este paso, esta exaltación, de Jesús en la cruz, da a conocer su verdadera realidad: Jesús vuelve al Padre” (Tuñí, 2000, p. 75).
El sacramento de la renovación de nuestro ser nos ha hecho partícipes de estos admirables misterios, por cuanto el mismo Espíritu, por cuya virtud fue Cristo engendrado, ha hecho que también nosotros volvamos a nacer con un nuevo nacimiento espiritual.
Por eso el evangelista dice, refiriéndose a los creyentes: Ellos traen su origen no de la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios (ibídem, p. 41). Todas estas figuras eran como profecía y anuncio misterioso de aquel hombre que debía asumir, de la descendencia de esos mismos patriarcas, una verdadera naturaleza humana. Pero todas estasfiguras no podían realizar aquel misterio de nuestra reconciliación prefijadoantes de los tiempos, porque el Espíritu Santo no había descendido aúnsobre la Virgen ni el poder del Altísimo la había aún cubierto con su sombra; solamente cuando la Sabiduría eterna, edificándose una casa en elseno purísimo de la Virgen, se hizo hombre pudo tener cumplimiento esteadmirable designio divino.
Vino en la carne para mostrarse a los que eran de carne y, de este modo, bajo los velos de la humanidad, fue conocida la misericordia divina; pues, cuando fue conocida la humanidad de Dios, ya no pudo quedar oculta su misericordia. ¿En qué podía manifestar mejor el Señor su amor a los hombres sino asumiendo nuestra propia carne? Pues fueprecisamente nuestra carne la que asumió, y no aquella carne de Adánque antes de la culpa era inocente (San Bernardo, p. 45). El Dios que buscamos no está lejos de nosotros, ya que está dentro de nosotros, si somos dignos de esta presencia. Habita en nosotros comoel alma en el cuerpo, a condición de que seamos miembros sanos de él,de que estemos muertos al pecado. Entonces habita verdaderamente ennosotros aquel que ha dicho: Habitaré en medio de ellos y andaré entreellos. Si somos dignos de que él esté en nosotros, entonces somosrealmente vivificados por él, como miembros vivos suyos.
La misión redentora del Padre se resume en la acción de Jesús de Nazaret, quien por sus obras, ungidas por el Espíritu Santo, configura el Reino de Dios anunciado por los profetas. Pues el Señor es suave y es dulce; aunque lo hayamos comido y lo hayamos bebido, no dejemos de estar hambrientos y sedientos de él, pues este manjar jamás es totalmente comido, ni esta bebida jamás es agotada; aunque se le coma, jamás se consume; aunque se le beba, jamás se le agota, porque nuestro manjar es eterno y nuestra fuente perenne y siempre deliciosa. Aunque nos alimentemos de él por el amor, aunque lo devoremos por el deseo, continuemos hambrientos deseándolo. Bebamos de él como si se tratara de una fuente, bebámoslo con unamor que nos parezca siempre capaz de crecer, bebámoslo con toda la fuerza de nuestros deseos y deleitémonos con la suavidad de su dulzura.
Colombia está sedienta. Si está sedienta, bebe de esta fuente de vida; si tiene hambre, come de este pan de vida. Dichosos los que tienen hambre de este pany sed de esta fuente; estos hambrientos y sedientos, por mucho que comany beban, siempre buscan saciar aún más plenamente su hambre y su sed.Sin duda debe ser muy dulce aquel manjar y aquella bebida que por muchoque se coma y que se beba continúa aun deseándose y cuyo gusto no dejade excitar el hambre y la sed. Por ello dice el profeta rey: Gusten y vean, qué dulce, qué bueno es el Señor. El mismo Señor, nuestro Dios Jesucristo, es la fuente de la vida, por ello nos invita así como a una fuente para que bebamos de él. Bebe de él quien lo ama, bebe de élquien se alimenta con su palabra, quien lo ama debidamente, quien  sinceramente lo desea, bebe de él quien se inflama en el amor de la sabiduría.




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Lo ético del mensaje de Jesús, aparece bajo la luz del evangelio aun en medio de su lenguaje y diálogo. Jesús habla de cómo la ética ha de ser la conducta ideal para la vida del ser perfecto y ganar la vida eterna. Dentro de esa dimensión, Jesús revela el misterio del Reino a quienes creyeron y no se escandalizaron ni juzgaron por auto anunciarse como el mesías esperado (ibídem, p. 118 – 121).
Para el salvado no hay ley, sólo el principio que es el Espíritu Santo. Esta ética se refleja en la organización, las normas y leyes, con ello, los apóstoles buscan darle orden a la Iglesia naciente y a la cristología. La forma de cumplirlo todo hace parte de las circunstancias donde se empieza a desarrollar el Reino de Dios, el Reino de la verdad y la salvación (Fuellenbach, p. 7).
Jesús de Nazaret, será grande y será llamado hijo del altísimo (Lc 1,33). Así, la revelación del Reino prefigura la enseñanza del misterio encarnado e iniciado en Cristo mismo. Al nacer el salvador del mundo, nace la salvación para el pueblo de Dios, la redención y el Reino de Dios para que ninguno se pierda, sino que todos se salven (Rodríguez, p. 368).
La ética Joánica,  enmarca las normas, leyes, orden, organización que dan perfección cristiana a la eclesiología cristológica del Reino anunciado por Cristo. En esta perspectiva, la salvación es un proceso dedicado, vehemente a Cristo, desde el misterio mismo pascual. El compromiso que identifica la espiritualidad es la santidad.
La antropología colombiana, en su rol ético se caracteriza por la añorada salvación de cuantos aceptan y creen que Cristo es el salvador del mundo. Cree y confía en que en la persona de Cristo, se configura la salvación y el misterioso Reino de Dios, desde él mismo, como Hijo, elegido, ungido, enviado, salvador y redentor.




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El final del camino salvador es la parusía gloriosa de Jesús, que aparecerá plenamente como Mesías y Salvador (Rodríguez, p. 410). En esta etapa actúa el Mesías oculto y rechazado por el pueblo de Dios, quien restaurará todas las cosas (ibídem, p. 410 – 411). El Espíritu Santo, promesa del Padre, don prometido y enviado por el Padre, es el protagonista del camino (ibídem, p. 411). Su tarea es ungir a Jesús, antes de ser enviado a encarnarse en el seno de María Santísima. El Espíritu Santo es el camino que dirige los corazones de los hombres, de los profetas, de los que creen y aceptan a Jesús y con él, la salvación y la vida eterna.
El Espíritu Santo es el camino que lleva a Dios, el camino del perdón y la misericordia, don que encamina las almas a la salvación y la vida eterna (ibídem, p. 412). En el contexto de los sinópticos el Espíritu Santo está presente, anunciando el camino correcto para que no haya errores que alteren la esencia y existencia de la teología cristológica de los Joánicos. Proclamadas las grandezas, el Reino toma vida y verdad, se hace real y para todos los que lo acepten en su corazón. Dios Padre no rehúsa por nadie, él es amor, vida y verdad. No es temor, terror no engaño. Dios es la causa de todo.
Las apariciones de Jesús a los doce, ratifica la conversión y el testimonio de la resurrección (ibídem, p. 414). Así, nadie queda de los doce excluido o dubitativo, es realmente testigo convencido de la resurrección de Cristo. La Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, entra en el creyente por la fuerza del Espíritu Santo, a través de la gracia sacramental (Sánchez, p. 286). El desarrollo de la salvación tiene efecto en la Santísima Trinidad y en María Santísima. Ambas, conjugan la verdad, luz, obediencia, pureza, santidad; por eso exige ser santos.
De relieve están los doce Apóstoles que con su testimonio del resucitado, suscitan la verdad. Toda la iglesia es enviada como testigo de la resurrección, esa es la misión de los 72, misión de tipo universal en comunión con el resucitado (Rodríguez, p. 415). La obra de la resurrección de Cristo, prescribe el signo salvífico, que avala que la Teofanía de Jesús, no es vana. Tiene su fundamento en la verdad, la fidelidad y el amor. Responde a la naturalidad espiritual de salvación, redención y vida eterna en Cristo.
Colombia es la Iglesia que ha de dar testimonio de la verdad. El Reino de Dios, es para la salvación de los hombres desde la misma persona de Jesús. El testimonio de Jesús, es su resurrección. Su manifestación se da por su gusto, al intencionar la misión de los 72, en el mundo entero. Ese testimonio es la eclesiología sacramental como fuente de salvación para todos los que creen, se arrepienten, convierten y aceptan el camino de la salvación y la vida eterna.




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En la anunciación, el ángel le revelo a la virgen que el niño que daría a luz por obra del Espíritu Santo  reinaría eternamente la casa de Jacob. Por tanto la “misión maternal” contraía unos vínculos espaciales  con el pueblo de Dios en la Nueva Alianza. Así cuando el espíritu suscita la Iglesia, como asamblea de testigos, María aparece como madre de Jesús (Menjura, p. 1). El Concilio vaticano II integra el misterio de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia. María es discípula que acepta al salvador en su seno y lo anuncia (ibídem, p. 1). Nosotros como Iglesia somos testigos verdaderos, fieles, a la verdad en Cristo.
Per Jesum ad Mariam que significa en palabras de Herbert Roux (De Fiores y Meo, p. 1662 – 1673), conocer el testimonio de Cristo sobre María para luego comprender el testimonio de María sobre Cristo. Otro punto de Vista es que María se encuentra en la frontera entre el AT y el NT desde el Magníficat, relato, por el cual, María da a conocer a su Hijo. Se propone un ecumenismo temporal a cambio del ecumenismo espacial. Además, se propone entender a María como mediadora de una forma análoga porque el único mediador entre Dios y la humanidad es Jesucristo. María coopera dora la forma de servicio en la gracia que Dios da el hombre pecador en colaboración con otros testigos (ibídem, p. 1673).
María se muestra como el lugar del cumplimiento de las promesas de Dios, la elegida por pura gracia, el partner humano del encuentro con Dios y la mujer del evento dialógico. En María se revela el amor gratuito de Dios. Todo el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento se despliegan a través del ágape de Dios, de su amor y su gracia, es decir, gracias a la benevolente disposición con la que se dirige amorosamente a los hombres (Mejía, O.P. p. 47). María Santísima es modelo de obediencia y santidad; fe, castidad y pureza.

María Madre y coautora de la salvación y la vida eterna, pues gracias a ella, Jesús se hizo carne y nació, vino al mundo para dar testimonio de la verdad. En María Jesús halla gozo no sólo de Hijo por su Madre, sino de la aceptación a la palabra de Dios por el anuncio del Ángel. María Santísima acepta, dice sí, al plan divino de salvación, acepta la palabra de Dios en su corazón, para que en Jesús se desarrolle la salvación y la vida eterna. María Santísima al iniciar el plan divino de salvación, es a su vez, plan de redención y camino para la vida eterna en el Cielo.
La mariología colombiana acepta concebir a Jesús como salvador y redentor. Dentro de esa concepción, también se halla la obediencia plena de aceptar a Jesús en palabra y obra, en espíritu y en verdad, en esencia y existencia. Ad Jesum per Mariam, Colombia vive y acepta el anuncio; pero debe tener cuidado con la divergencia malévola de los hombres demonios que buscan alterar y distorsionar los dogmas y la inmaculada concepción que existe en el corazón de los colombianos.









3ª CARTA DE SAN JUAN

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¿QUÉ O QUIÉN ES?
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RETOS PARA COLOMBIA

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El ministerio terreno de Jesús fue el comienzo del cumplimiento de las promesas por medio de su actuación como profeta escatológico (Rodríguez, p. 409). Jesús proclama con palabras y obras el hoy del cumplimiento de las promesas de salvación, como profeta que ha de sufrir el rechazo (ibídem, p. 409). Desde luego el Señor resucitado, sigue ejerciendo como Señor y Profeta. La Iglesia ha comenzado el cumplimiento de la promesa del Reino de Dios por medio de Jesús Resucitado (ibídem, p. 409 – 410).
La exaltación de la cruz marca el final del camino terreno y el comienzo del de la Iglesia. Jesús recibe la plenitud del Espíritu que ofrece a los hombres, el testimonio de la salvación. El Señor ofrece a todos el camino de la salvación en presente y futuro, en servicio y amor. Así el camino de la Iglesia es el camino de la salvación (ibídem, p. 410). “En Cristo, quien da su vida, nadie se la quita” (Tuñí, 2000, p. 73). La muerte de Cristo no es derrota, es victoria, trono de gloria.
De esta forma, el camino salvador impuesto por Cristo a manera de camino recto y verdadero para alcanzar la salvación de las almas, culmina en el Reino de Dios. Él, como protagonista, es el precursor, y la comunidad apostólica el testimonio vivo de la salvación por la gracia sacramental en la función de la Iglesia, para todo aquel que cree y tiene fe (ibídem, p. 410). La muerte de Cristo en la cruz, es victoria sobre la muerte; es el primer paso para resucitar.
La supremacía del Reino de Dios iniciada en el mismo Jesús de Nazaret, insta a la comunidad a hacer parte del plan salvífico, del plan divino de salvación. Desde el mismo instante de la Teofanía de Cristo, la Iglesia también se glorifica en su obra salvadora y redentora, por medio de la gracia sacramental. Allí se reivindica el camino de la salvación y la vida eterna.La muerte de Cristo, es el acontecimiento de la victoria y la gloria.
La eclesiología colombiana denota la realidad de la Teofanía de Cristo en la búsqueda de la salvación, por la espera paciente de ver manifiesto el hecho verdadero y real, transmitido por la misma tradición apostólica y bíblica. La Teofanía es aceptada por la eclesiología colombiana como la manifestación de Cristo salvador y redentor. Camino verdad y vida. Victoria y gloria eternas.

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El final del camino salvador es la parusía gloriosa de Jesús, que aparecerá plenamente como el Mesías y salvador en contraposición del mesías oculto en el cielo (ibídem, p. 410). El Espíritu Santo es la promesa del Padre, don prometido y enviado por el Padre, protagonista del camino de salvación iniciado desde la misma Iglesia terrena con Jesús como fundador y orientador. El camino de la Iglesia es profético, concreta su Pentecostés en el bautismo del Espíritu Santo (Lc 3,16). El Espíritu Santo alienta y fortalece a Jesús en la pasión y crucifixión.
La Iglesia al recibir el poder del Espíritu Santo, consuma su nacimiento y queda convertida en pueblo profético (He 2, 1ss). La donación del Espíritu Santo supone un don consistente en la conversión, el perdón de los pecados y la vida nueva (He 2,38), quedando así el creyente capacitado para la misión profética. El compromiso de la Iglesia, consiste en dar y servir la palabra, bajo el impulso del Espíritu Santo, proclamando la grandeza de Dios (He 2,4-11. He 4,8). El Espíritu Santo, es dador de amor y vida.
Al proclamar la grandeza de Dios, también la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, que envía el Espíritu Santo a realizar signos que revelan el Reino de Dios por Jesús, así la comunidad eclesial se hace comunidad profética (He 2,4-17. Rodríguez, p. 412). Por la palabra de Dios predicada y pragmatizada, por Jesús, la Iglesia se hace y es comunidad profética, evangelizadora, testigo, apostólica, salvadora (ibídem, p. 412 – 413).
En contexto, la eclesiología desde la misma perspectiva de Cristo, como Señor y salvador, se evidencia en la misma revelación del Espíritu Santo enviado por el Padre a revelar signo que den prioridad y veracidad al hecho predicador de Jesús de Nazaret. En cada signo está presente la acción del Padre y del Espíritu Santo, por medio de Jesús que garantiza la fe, creencia y confianza en Dios Padre. Dios Espíritu Santo, configura el amor y la vida eterna en el Cielo. Es luz y sabiduría verdadera.
Colombia en contexto con esa misión de la Iglesia desde el mismo Jesús de Nazaret, revela a obra encarnada de Dios, dada en el Espíritu Santo que prefigura la instauración del Reino de Dios, por medio d la misión terrena de la Iglesia. La gracia sacramental, le permite vivir en aceptación, comunión y amor con Cristo, vivir el Pentecostés como Iglesia comunidad concreta, que por el bautismo nace a la nueva vida.

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María Santísima es corredentora del plan divino de salvación, desde su sí, su aceptación plena, su entrega absoluta a Dios, como la elegida (Lc 1,26. 1,38. 1,43), se hace acreedora del honor y la gloria de inmaculada concepción, Madre Divina (ibídem, p. 414). Dios estableció el tiempo de las promesas y época de su cumplimiento en Cristo, así, los dones derramados sobre la humanidad, en Cristo, nos mueven a actuar y vivir en el amor de Dios (S. Agustín, citado por Argüello, p. 35). 
Prometió la salvación eterna y la vida bienaventurada en compañía de su ángeles (ibídem, p. 36). En Jesús se configura la redención de la humanidad. En Jesús el hijo de Dios vivo, encarnando la naturaleza humana soporta el desprecio y el maltrato del pueblo, pueblo que desconoce la merced del salvador del mundo, el Mesías y redentor, quien por María Santísima y el Espíritu Santo, vino a nosotros por amor.
Jesús es fiel al mandato del Padre eterno, es obediente y sumiso, prescribe al pie de la letra el mensaje salvador del Padre, desde la misma naturaleza divina anonadada en la humana (ibídem, p. 36). Pero no bastó a Dios indicarnos el camino por medio de su Hijo: quiso que Él mismo fuera el camino, para que, bajo su dirección, tú caminaras por Él (ibídem, p. 36).La Iglesia camina al paso de Cristo; aquél hombre casto y puro, santo y obediente a la voz del Padre eterno.
Jesús prometió la divinidad a los hombres, su salvación, la inmortalidad del alma, la justicia a los pecadores, el amor y la humildad. Es modelo de ellas y como tal exige para que nosotros como comunidad bautizada, en misión profética la realicemos en los diversos escenarios de la vida, como testigos y testimonios del mensaje del plan divino. La vida y gracia sacramental, descubre el Misterio Pascual en Cristo.
Colombia es testigo de la misión redentora de Cristo y del plan divino de la salvación. En los contextos de la eclesiología actual podemos observar ventajas y desventajas. Las tinieblas enardecen el corazón de muchos que aferran lo mundano y desprecian lo divino, no aceptan el plan de salvación escrito y transmitido por Dios en Cristo. Cristo es el argumento ontológico del MP.


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Y, después del cumplimiento de estas promesas, cumplirá también la promesa de
venir otra vez para pedir cuentas de sus dones, para separar a los que se hicieron merecedores de su ira de quienes se hicieron merecedores de su misericordia, para castigar a los impíos, conforme lo había amenazado, y para recompensar a los justos, según lo había prometido (ibídem, p. 37). Pues si el nuevo hombre, sometido a una existencia semejante a la de la carne de pecado, no hubiera llevado sobre sí nuestros pecados,si el que es Dios como el Padre no se hubiera dignado tomar lacondición humana de una madre y si libre de todo pecado no hubieraunido a sí nuestra naturaleza, la cautividad humana continuaría sujeta al yugo del demonio; y tampoco podríamos gloriarnos de la victoria del Vencedor si ésta hubiera sido obtenida en una naturaleza distinta a la nuestra (San León Magno, p. 41). Cristo es vencedor de la muerte eterna; a cambio es victoria con su resurrección gloriosa. Glorifica al Padre eterno, con su Misterio Pascual.
El sacramento de la renovación de nuestro ser nos ha hecho partícipes de estos admirables misterios, por cuanto el mismo Espíritu, por cuya virtud fue Cristo engendrado, ha hecho que también nosotros volvamos a nacer con un nuevo nacimiento espiritual.
Por eso el evangelista dice, refiriéndose a los creyentes: Ellos traen su origen no de la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios (ibídem, p. 41). Todas estas figuras eran como profecía y anuncio misterioso de aquel hombre que debía asumir, de la descendencia de esos mismos patriarcas, una verdadera naturaleza humana. Pero todas estasfiguras no podían realizar aquel misterio de nuestra reconciliación prefijadoantes de los tiempos, porque el Espíritu Santo no había descendido aúnsobre la Virgen ni el poder del Altísimo la había aún cubierto con su sombra; solamente cuando la Sabiduría eterna, edificándose una casa en elseno purísimo de la Virgen, se hizo hombre.
Vino en la carne para mostrarse a los que eran de carne y, de este modo, bajo los velos de la humanidad, fue conocida la misericordia divina; pues, cuando fue conocida la humanidad de Dios, ya no pudo quedar oculta su misericordia. ¿En qué podía manifestar mejor el Señor su amor a los hombres sino asumiendo nuestra propia carne? Pues fueprecisamente nuestra carne la que asumió, y no aquella carne de Adánque antes de la culpa era inocente (San Bernardo, p. 45). El Dios que buscamos no está lejos de nosotros, ya que está dentro de nosotros, si somos dignos de esta presencia. Habita en nosotros comoel alma en el cuerpo, a condición de que seamos miembros sanos de él,de que estemos muertos al pecado. Entonces habita verdaderamente ennosotros aquel que ha dicho: Habitaré en medio de ellos y andaré entreellos. Si somos dignos de que él esté en nosotros, entonces somosrealmente vivificados por Él.
La misión redentora del Padre se resume en la acción de Jesús de Nazaret, quien por sus obras, ungidas por el Espíritu Santo, configura el Reino de Dios anunciado por los profetas. Pues el Señor es suave y es dulce; aunque lo hayamos comido y lo hayamos bebido, no dejemos de estar hambrientos y sedientos de él, pues este manjar jamás es totalmente comido, ni esta bebida jamás es agotada; aunque se le coma, jamás se consume; aunque se le beba, jamás se le agota, porque nuestro manjar es eterno y nuestra fuente perenne y siempre deliciosa. Aunque nos alimentemos de él por el amor, aunque lo devoremos por el deseo, continuemos hambrientos deseándolo. Bebamos de él como si se tratara de una fuente, bebámoslo con unamor que nos parezca siempre capaz de crecer, bebámoslo con toda la fuerza de nuestros deseos y deleitémonos con la suavidad de su dulzura.
Colombia está sedienta. Si está sedienta, bebe de esta fuente de vida; si tiene hambre, come de este pan de vida. Dichosos los que tienen hambre de este pany sed de esta fuente; estos hambrientos y sedientos, por mucho que comany beban, siempre buscan saciar aún más plenamente su hambre y su sed.Sin duda debe ser muy dulce aquel manjar y aquella bebida que por muchoque se coma y que se beba continúa aun deseándose y cuyo gusto no dejade excitar el hambre y la sed. Por ello dice el profeta rey: Gusten y vean, qué dulce, qué bueno es el Señor. El mismo Señor, nuestro Dios Jesucristo, es la fuente de la vida, por ello nos invita así como a una fuente para que bebamos de él. Bebe de él quien lo ama, bebe de élquien se alimenta con su palabra, quien lo ama debidamente, quien  sinceramente lo desea, bebe de él quien se inflama en el amor de la sabiduría.




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Lo ético del mensaje de Jesús, aparece bajo la luz del evangelio aun en medio de su lenguaje y diálogo. Jesús habla de cómo la ética ha de ser la conducta ideal para la vida del ser perfecto y ganar la vida eterna. Dentro de esa dimensión, Jesús revela el misterio del Reino a quienes creyeron y no se escandalizaron ni juzgaron por auto anunciarse como el mesías esperado (ibídem, p. 118 – 121).
Para el salvado no hay ley, sólo el principio que es el Espíritu Santo. Esta ética se refleja en la organización, las normas y leyes, con ello, los apóstoles buscan darle orden a la Iglesia naciente y a la cristología. La forma de cumplirlo todo hace parte de las circunstancias donde se empieza a desarrollar el Reino de Dios, el Reino de la verdad y la salvación (Fuellenbach, p. 7).
Jesús de Nazaret, será grande y será llamado hijo del altísimo (Lc 1,33). Así, la revelación del Reino prefigura la enseñanza del misterio encarnado e iniciado en Cristo mismo. Al nacer el salvador del mundo, nace la salvación para el pueblo de Dios, la redención y el Reino de Dios para que ninguno se pierda, sino que todos se salven (Rodríguez, p. 368).
La ética sinóptica enmarca las normas, leyes, orden, organización que dan perfección cristiana a la eclesiología cristológica del Reino anunciado por Cristo. En esta perspectiva, la salvación es un proceso dedicado, vehemente a Cristo, desde el Misterio mismo Pascual. Cristo Señor de vivos y muertos resucita y glorifica a las almas con su MP.
La antropología colombiana, en su rol ético se caracteriza por la añorada salvación de cuantos aceptan y creen que Cristo es el salvador del mundo. Cree y confía en que en la persona de Cristo, se configura la salvación y el misterioso Reino de Dios, desde él mismo, como hijo, elegido, ungido, enviado.




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El final del camino salvador es la parusía gloriosa de Jesús, que aparecerá plenamente como Mesías y Salvador (Rodríguez, p. 410). En esta etapa actúa el Mesías oculto y rechazado por el pueblo de Dios, quien restaurará todas las cosas (ibídem, p. 410 – 411). El Espíritu Santo, promesa del Padre, don prometido y enviado por el Padre, es el protagonista del camino (ibídem, p. 411). Su tarea es ungir a Jesús, antes de ser enviado a encarnarse en el seno de María Santísima. El Espíritu Santo es el camino que dirige los corazones de los hombres, de los profetas, de los que creen y aceptan a Jesús y con él, la salvación y la vida eterna.
El Espíritu Santo es el camino que lleva a Dios, el camino del perdón y la misericordia, don que encamina las almas a la salvación y la vida eterna (ibídem, p. 412). En el contexto de los sinópticos el Espíritu Santo está presente, anunciando el camino correcto para que no haya errores que alteren la esencia y existencia de la teología cristológica de los sinópticos. Proclamadas las grandezas, el Reino toma vida y verdad, se hace real y para todos los que lo acepten en su corazón. Dios Padre no rehúsa por nadie, él es amor. Jesús de Nazaret hombre semejante a nosotros menos en el pecado, nos da vida eterna.
Las apariciones de Jesús a los doce, ratifica la conversión y el testimonio de la resurrección (ibídem, p. 414). Así, nadie queda de los doce excluido o dubitativo, es realmente testigo convencido de la resurrección de Cristo. La Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, entra en el creyente por la fuerza del Espíritu Santo, a través de la gracia sacramental (Sánchez, p. 286). El desarrollo de la salvación tiene efecto en la Santísima Trinidad y en María Santísima.La salvación y la redención, hacen parte del misterio central del plan divino del cual Jesús y María son la causa.
De relieve están los doce Apóstoles que con su testimonio del resucitado, suscitan la verdad. Toda la iglesia es enviada como testigo de la resurrección, esa es la misión de los 72, misión de tipo universal en comunión con el resucitado (Rodríguez, p. 415). La obra de la resurrección de Cristo, prescribe el signo salvífico, que avala que la Teofanía de Jesús, no es vana.Tiene su significado en la revelación y en la manifestación divina; la encarnación de Jesús en el vientre de María Santísima, es el inicio del MP; la vida y obra humana y divina de Jesús, como el Mesías de Dios Padre.
Colombia es la Iglesia que ha de dar testimonio de la verdad. El Reino de Dios, es para la salvación de los hombres desde la misma persona de Jesús. El testimonio de Jesús, es su resurrección. Su manifestación se da por su gusto, al intencionar la misión de los 72, en el mundo entero. Ese testimonio es la eclesiología sacramental como fuente de salvación para todos los que creen, se arrepienten, convierten y aceptan el camino de la salvación y la vida eterna. Junto con los sacramentos, la oración incide en el bienestar de la gente.



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En la anunciación, el ángel le revelo a la virgen que el niño que daría a luz por obra del espíritu Santo  reinaría eternamente la casa de Jacob. Por tanto la “misión maternal” contraía unos vínculos espaciales  con el pueblo de Dios en la Nueva Alianza. Así cuando el espíritu suscita la Iglesia, como asamblea de testigos, María aparece como madre de Jesús (Menjura, p. 1). El Concilio vaticano II integra el misterio de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia. María es discípula que acepta al salvador en su seno y lo anuncia (ibídem, p. 1). Así, María Santísima es el inicio del Misterio Pascual.
Per Jesum ad Mariam que significa en palabras de Herbert Roux (De Fiores y Meo, p. 1662 – 1673), conocer el testimonio de Cristo sobre María para luego comprender el testimonio de María sobre Cristo. Otro punto de Vista es que María se encuentra en la frontera entre el AT y el NT desde el Magníficat, relato, por el cual, María da a conocer a su Hijo. Se propone un ecumenismo temporal a cambio del ecumenismo espacial. Además, se propone entender a María como mediadora de una forma análoga porque el único mediador entre Dios y la humanidad es Jesucristo. Por Él, todo se hizo y sin Él, nada existiría (Jn prólogo).

María se muestra como el lugar del cumplimiento de las promesas de Dios, la elegida por pura gracia, el partner humano del encuentro con Dios y la mujer del evento dialógico. En María se revela el amor gratuito de Dios. Todo el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento se despliegan a través del ágape de Dios, de su amor y su gracia, es decir, gracias a la benevolente disposición con la que se dirige amorosamente a los hombres (Mejía, O.P. p. 47). María Santísima es la evidencia del amor de Dios.
María Madre y coautora de la salvación y la vida eterna, pues gracias a ella, Jesús se hizo carne y nació, vino al mundo para dar testimonio de la verdad. En María Jesús halla gozo no sólo de Hijo por su Madre, sino de la aceptación a la palabra de Dios por el anuncio del Ángel. María Santísima acepta, dice sí, al plan divino de salvación, acepta la palabra de Dios en su corazón, para que en Jesús se desarrolle la salvación y la vida eterna. Gracias a su intervención en la historia, esta vida tiene sentido, significado, experiencia y vivencia.
La mariología colombiana acepta concebir a Jesús como salvador y redentor. Dentro de esa concepción, también se halla la obediencia plena de aceptar a Jesús en palabra y obra, en espíritu y en verdad, en esencia y existencia. Ad Jesum per Mariam, Colombia vive y acepta el anuncio; pero debe tener cuidado con la divergencia malévola de los hombres demonios que buscan alterar y distorsionar los dogmas y la inmaculada concepción que existe en el corazón de los colombianos.

APOCALIPSIS

JUSTIFICACIÓN BÍBLICA
JUSTIFICACIÓN MAGISTERIAL
¿QUÉ O QUIÉN ES?
CARACTERIZACIÓN
RETOS PARA COLOMBIA
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La Iglesia es un sacramento del Reino (LG 9). Ya que la gracia de Dios, no sólo puede estar ligada a un sacramento, se debe admitir, que el Reino abarca más que la Iglesia. La misión de Jesús era consumar las promesas de la Alianza y reestablecer las relaciones rotas instando a todo Israel a que volviera a la justicia, que había sido su precepto básico. La misión de Jesús es salvar y redimir a la humanidad. Su antelación devela la intención del Padre, por amor al hombre.
“Es cierto que la Iglesia no es un fin en sí misma, ya que está dirigida hacia el Reino de Dios del que ella es semilla, símbolo e instrumento” (RM, n. 18). “La Iglesia está activa y específicamente al servicio del Reino” (ibíd., n.20) “La misión de la Iglesia es fomentar el “Reino de nuestro Señor y de su Hijo Jesucristo” (Ap. 11,15). Las dimensiones de la fe, redescubren la trascendencia del alma.
Su llamada a la solidaridad humana básica y a la compasión por aquéllos cuyas vidas estaban marcadas por los efectos de la injusticia a la vez que su pretensión de reestablecer tales relaciones que la justicia requería, constituía uno de sus ruegos más urgentes. Este sería uno de los requisitos básicos del Reino, para cuya instauración en el mundo él había sido enviado.
La cristología Joánica se caracteriza por su alto contenido teológico. La cristología Joánica en la actualidad llama a gritos a la conversión; así como también a creer y a la fe. En Jesucristo, el acontecer del Misterio Pascual, se da a partir de la obediencia tanto de María Santísima como la de Cristo; juntos hacen parte de la cristología Divina y Joánica presente, que llama a la conversión y la penitencia, para expiar sus pecados.
Sin justicia no hay paz, dice Beato Juan Pablo II, en relación al contexto violento del mundo postmoderno. Así para Colombia en contexto antropológico de injusticia y corrupción que deshumaniza e indigniza cada vez, no será posible paz aunque sea por medio del diálogo, sin haber antes justicia.
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“La fiesta de la Pascua envuelve toda una narración de la pasión según el evangelio de San Juan” (Tuñí, 2000, p. 74); la consagración y unción de Jesús, ocurre seis (6) días antes de la Pascua, antecedente a la Pasión Muerte y Resurrección; aunque Jesús ya había anunciado que había llegado la hora de ir al Padre y que la misión que encomendaba a sus apóstoles, era transmitir el mensaje de la verdad; el mensaje de la salvación, empezando por bautizarlos y la conversión de los pecadores para que sean salvos y redimidos.  
Al partir el pan Jesús manifiesta su comunión con la comunidad. Ella se nutre con el pan misterioso que manifiesta su presencia (He 22,38. Al ser bautizados recibimos el Espíritu Santo que nos une al misterio de Cristo (He 10,48).El acontecer del Misterio Pascual; busca la salvación y redención de las almas; luego es Jesús quien toma la cruz y decide decir sí, a favor de la humanidad; humanidad que no ha sabido aprovechar semejante promoción, gratis, el único costo es la oración, confesión y penitencia.
Por el bautismo nos hacemos hijos de Dios y miembros de la Iglesia de Cristo en el Cielo y en la Tierra. Por el bautismo tenemos la salvación y redención, contemplar, comulgar con Cristo eternamente. El bautismo es la llave para entrar en la Iglesia Católica y desde allí, por los sacramentos empezar a buscar el camino de la perfección y la santidad; así, contar seguro con la respuesta a la salvación y redención por la sangre del cordero de Dios.

La espiritualidad de los Joánicos es puntual, precisa y adecuada al orden establecido; no busca establecerse fuera de contexto, fuera del entorno. Siempre se adecúa a las indicaciones de Dios dentro de su plan divino; dentro de la Pneumatología iniciada en Cristo, el cual es el fundamento de nuestra fe, alma, espiritualidad y trascendencia junto a la vida eterna; realizada en la Santa Iglesia Católica y promocionada por su sacramentos, ritos, cultos y fe, de todo su pueblo.
La comunión de la comunidad colombiana con el misterio de Cristo es palpable, aunque se descarta el paganismo desarticulador y desproporcionad que manifiesta lo opuesto a la cristología de los Actos. La espiritualidad colombiana se da dentro del marco de la Pneumatología Joánica como manifestación de fe y fidelidad a Dios para quienes aceptaron y aceptan a Dios en su corazón. Dios Padre que ha querido darle a Colombia a su Hijo para salvarla y redimirla.
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Los Apóstoles, se identifican por su fidelidad a Cristo, por conferir el Espíritu Santo a los neo conversos por el bautismo, para ser testigos de la Cristo y del Reino de Dios (Solano, p. 25). El famoso sumario (He 2,42-47) descubre la perseverancia en la enseñanza de los apóstoles, son testigo de la enseñanza de Jesús, en la fracción del pan, transfiguración, eucaristía como alimento del alma (Solano, p. 27). San Juan ejerce su ministerio en medio de la persecución y el sufrimiento.
Jesús expresó su mensaje y su misión con el anuncio del Reino de  Dios. Llamó a sus discípulos y les confió la continuación de su misión como el Padre me ha enviado a mí, así yo los envío a ustedes (Jn 20,21). El discípulo amado; a quien Jesús reserva estos escritos y el apocalipsis, como el máximo libro profético y escatológico; el cierre de toda la creación, de todo el plan divino de salvación. San Juan es el hombre elegido por Cristo, para que apunte y anuncie el punto final de la creación de Dios.
Como el mensaje de Jesús es el Reino de Dios y envía a sus discípulos a hacer lo mismo en su memoria, nuestro deber es hacerlo ya sea individualmente o colectivo. El contexto escolar es escenario propicio. El Misterio Pascual, al desarrollarse en la historia, responde a las inquietudes y dudas de la gente por saber cuál es el verdadero acontecer que salvará a la humanidad; que diga con veracidad quién es el Mesías.
Los escritos de San Juan, son estrictos, exigentes e insistentes. Estrictos por su llamado a amar sólo a Dios; exigentes por tener cada uno una sola fe, espiritualidad y creencia fuerte; e insistentes porque como hijos de Dios salvados y redimidos por Cristo, no podemos andar probando de todo un poco, poniendo en duda nuestra fe; o dualizando nuestra espiritualidad. El hombre y la mujer es uno solo en Dios Padre. 
La Iglesia debe verse así misma al servicio del Reino y a la transformación del mundo. Jesús anuncia el Reino de Dios, como la consumación de la Alianza de Dios con su pueblo. La expresión religiosa colombiana se ve marcada por la misma espiritualidad dividida y dubitativa; todos aquellos que prueban en dónde encuentran mejor respuesta de Dios.
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Dios transforma toda situación de acuerdo a los encuentros del Resucitado son los discípulos, antes de su ascensión al Cielo (He 1,3). “La salvación ocupa el primer lugar, al ser la medida de rescate de la muerte y del pecado, la salvación alcanza su fin y plenitud en la sangre del cordero” (Fuellenbach, p. 2). “Jesús vuelve al Padre, a aquél que lo ha enviado, vuelve al mundo de arriba. Esto es lo que hace patente la elevación del hijo del hombre. Ésta es la glorificación hacia la que hemos estado caminado desde el principio” (Tuñí, 2000, p. 75).
La salvación es integral, completa y estructural, configura la misión de Cristo, cambia lo terrenal por lo espiritual, es la liberación del mundo que conocemos por la visión beatífica de Dios (Elliot, p. 49 – 50). La tradición sobre la pasión ha sido testimoniada por el Apóstol Juan, María Santísima y las otras mujeres; no obstante, el misterio de la pasión ha estado revistiendo a la comunidad Joánica, “polarizada por el misterio de Jesús” (Tuñí, 2000, p, 76).
La salvación debe entenderse no como lugar físico en lo alto, en lo espiritual, es un estado de vida plena, donde las almas culminan su paso por la tierra y comulgan con el Padre. Las almas de los hombres y mujeres de la actualidad se han y están revistiendo de rebeldía; no quieren aceptar a Dios en el corazón, poca fe y mucha duda. Los acontecimiento por el desarrollo y evolución del hombre alejan cada vez más, a hombres y mujeres de Dios, de la verdad y vida eterna.
Los misterios sobre las almas y los acontecimientos después de la muerte siguen y serán siendo misterio; el hombre y la mujer de la actualidad se basa en la razón para soportar sus dudas, increencia, fe, espiritualidad, relación con Dios etc., sin embargo hay que dejar claro que la humanidad se está alejando de Dios, por sus razonamientos, dualismo espiritual, dudas y complejos sobre la ausencia de Dios. Esto hace que cada vez más haya menos fe.
Para el contexto colombiano, la salvación tiene las puertas abiertas, para muchos no tiene sentido, para otros como nosotros, es anhelada y esperada en Cristo por medio de la comunión con la Iglesia y los sacramentos. No podemos escapar a la verdad. En Colombia existe mucha duda y dualismo espiritual, desde los mismos religiosos y sacerdotes, etc., luego incide también complementado por su impacto en la comunidad.
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“Los diferentes carismas ofrecidos por el Espíritu Santo, ofrecen la poderosa presencia de Cristo en el plano de la salvación, de su Reino” (Elliot, p. 154 – 155). Así se cumple su plan salvador.
“La realidad del Reino de Dios, se experimenta por medio del Espíritu Santo, en la Iglesia y el creyente” (Elliot, p. 155). El Espíritu Santo es el aliento y guía de la conducta del hombre y la mujer frente a Dios.
Por la intervención del Espíritu Santo, somos acreedores de la salvación, por Cristo Nuestro Señor. Al precio de su sangre, nos ha comprado para Dios; nos ha puesto el sello de Dios.
Nuestra actitud debe ser sobria, tajante dentro de los parámetros de la verdad, fidelidad y el amor. ¿Quién como Dios?, ¡nadie como Dios? A Él, debemos darle la gloria.
La eclesiología actual colombiana conserva vivo el anhelo de salvarse y comulgar con el Padre en el Cielo. Todo bajo la verdad, fe y el amor a Dios.
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Este discurso sobre Dios característico en los Actos, presenta de forma natural la relación entre Dios Padre y Jesús. “El anuncio de la Resurrección como acción de Dios en Jesús, Dios lo ha Resucitado” (2,24 – 32). Así, lo acontecido durante la Pasión de Cristo, podemos observar que en los escritos Joánicos, no hay espacio para las narraciones sobre las salidas de Jesús ni de sus predicaciones; allí, sólo se halla la teología del Misterio Pascual, obviamente desde su inicio.
“El mensaje de Jesús, sobre la salvación, transforma toda una realidad: futuro, social, individual. Es un regalo para la Iglesia trascendente y espiritual” (Elliot, p. 54). Ya los acontecimiento posteriores al Misterio Pascual, los presenta el apocalipsis, que ostenta detalladamente los sucesos previos a la Parusía y al final de los tiempo; aún no hay claridad a qué tiempos se refiere, pero en sí, su escatología es y será en los hechos impactante.
La actitud de Jesús es clara y contundente, al dividir la historia y la humanidad, enfoca su misión en la espiritualidad eclesial. Los verdaderos signos presentes en estos momentos, para la actualidad son los sacramentos, fuente de vida, verdad y fe. Ellos, son los signos de los tiempos, es decir, cuando ya la gente no los cumpla, practique y viva, será el fin; el cumplimiento del tiempo previo a la Parusía de Nuestro Señor Jesucristo.
Como es claro y evidente, los sacramentos son el medio para llegar a la salvación y vida eterna en Dios, por medio de Jesús y María Santísima. El Espíritu Santo, santifica por medio de ellos; estos sacramentos, son signos visibles, sensibles, pero también transsensibles, porque en el acto son signo visible; pero en trascendencia son la llave del alma, para entrar en la salvación, redención, vida eterna. 
Nuestro contexto, es propio de la cristología salvadora del Padre por medio de Cristo. Nuestro entorno eclesial es escenario de la vida en Cristo, a pesar de las circunstancias. La vida sacramental en el contexto escatológico colombiano por gracia de Dios, es fuerte; no obstante, existe quienes no practican la confesión y el matrimonio.







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“Lo primero que constata quien busca en la Iglesia y en el mundo los signos de una presencia de la Madre de Jesús es que existe un innegable fenómeno mariano o, lo que es lo mismo, un conjunto relevante, universal y significativo, de hechos, ideas, expresiones cultuales y culturales respecto de María” (Menjura, p. 1). “En esta teología Joánica y a penas esbozada aparece María de un modo significativo, estrechamente asociada a la hora y a la glorificación de su Hijo” (Menjura O.P., p, 20) La concepción virginal del logos encarnado (1,13). “los cuales no nacieron de sangre, ni de deseo de carne, ni deseo de hombre, sino que nacieron de Dios”, este texto que alude a la encarnación y a la concepción virginal se interpreta así:
a.    NO NACIO DE SANGRE  indica en lenguaje el AT que el nacimiento de Jesús no causó efusión de sangre en su madre. Esto aportaría una prueba escriturística de aquello que los teólogos tradicionalmente han entendido como la virginidad en el momento del parto.
a.      NI DE DESEO DE CARNE: excluye la función del hombre en la concepción.
b.      NI  DE DESEO DE HOMBRE: niega cualquier deseo carnal tanto en el hombre como en la mujer, y que se aplicaría a María según Lc 1,34 orientada ya a la virginidad.
María, participa en la concepción del Reino, al ser la primera en aceptar la palabra de Dios. Por María el Reino incluye todas las cosas en el Cielo y en la Tierra (Ef. 1,10). El relato de las bodas de Caná (Jn 2, 1-12) conoce una larga historia exegética, pasando de una interpretación alegórica (edad media) a la histórica Crítica (s. XX) y a la simbólica-teológica.
A pesar de la variedad de interpretaciones e hipótesis, todos parecen admitir que el relato de Caná posee fundamentalmente un significado cristológico.
Con este primer signo Jesús manifiesta su gloria como Mesías de Israel y suscita la fe de los discípulos.
La intención principal de Juan es la de subrayar el carácter mesiánico de Jesús y la superioridad de la economía cristiana sobre el régimen de la antigua alianza.
La presencia de la Madre de Jesús adquiere en este contexto un significado no marginal, de tal manera que puede hablarse de un verdadero papel primario.
María desempeña un papel importante ante los sirvientes, precediendo a los hermanos y discípulos de Jesús hacia  Cafarnaúm.


Pero vive en comunión también con los apóstoles en la proclamación de la resurrección del Señor, en la comunidad de bienes y en la espera escatológica.En el Sinaí descubrimos el don de la ley y en Caná el vino mesiánico. Existen también sustanciales semejanzas entre la respuesta del pueblo en el Sinaí y la Palabra de María a los sirvientes.
El papel de María, más que colaborar con el signo prodigioso, consiste en identificarse con el pueblo escatológico de Israel.
Es presumible que en las bodas de Caná María, antes que los demás, se adelantase a aceptar la voluntad del Hijo comunicando a los sirvientes su abandono total en él.
La observación de María no tienen vino permite la intervención milagrosa de Jesús, como también sucede en la constatación de Marta tras la muerte de Lázaro, aunque todavía vinculada a una necesidad de orden material.
La respuesta de Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora, gracias al típico procedimiento Joánico de la ironía divina, implica el paso de un nivel inferior y material a otro  superior y espiritual.
María no comprende esta misteriosa transposición; pero en cualquier caso se pone al servicio del hijo con un trato que revela una gran finura propia de la figura bíblica de María: fe sin una visión completa de los misterios de Dios, prontitud al servicio, comportamiento fiel hacia su hijo.
El resultado del signo de Caná es la fe de los discípulos que aun permaneciendo imperfecta recibe un impulso decisivo.
En torno a Jesús se construye la nueva comunidad de creyentes, compuesta de su madre, los hermanos y sus discípulos que bajan con él al Cafarnaúm.
La escena de la presencia de María a los pies de la cruz es exclusiva de Juan (19, 25-27), y reviste un profundo significado histórico-salvífico siempre y cuando no se le considere de forma aislada ni en un plano puramente histórico o simbólico.
El episodio queda vinculado al milagro de Caná, en ambos relatos María aparece como la Madre de Jesús y la mujer dentro de una expectativa de la hora, ya que ambos mantienen una misma perspectiva mesiánica.
María en los escritos Joánicos, aparece como la mujer que acepta la voluntad de Dios Padre y no interrumpe a Jesús.
Colombia es Marióloga, es decir, estamos en el regazo de la corredentora, gracias a María Santísima, se nos es posible acceder al Reino de Dios por Cristo, por la Iglesia y los sacramentos.

La perspectiva histórico-salvífica aparece donde María está a los pies de la cruz como signo del cumplimiento de la escritura, es decir, del designio  de Dios para la salvación de los hombres.

Si Cristo es verdaderamente el cordero de Dios, María resulta ser con mayor razón la madre del discípulo amado, ya que ella le es dada la misión específica en la historia de la salvación, la misión de la maternidad universal de los discípulos de Jesús.

Concretamente esto implica que Jesús, muriendo en la cruz, revela que su madre, en cuanto mujer, con toda la resonancia bíblica que esta palabra posee, pasa a convertirse ahora en la madre del discípulo, ya que este último, como representante de todos los discípulos de Jesús se convierte desde este instante en el hijo de la madre del señor.

Así, la Mariología colombiana toma el modelo de Caná, intercede por los dueños de casa, que no tienen el vino de la justicia, amor, paz, etc., luego Jesús, responde que alisten, preparen todo. Realiza el milagro pero nadie lo nota.

                                                      

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